Un espíritu ansioso es siempre poco proclive al descanso y son las pesadillas y alucinaciones subterráneas las que ofrecen revelaciones. Por ello, Pedro vio llegar el amanecer del miércoles 12 de agosto de 1925, con una idea fija.
“El mejor lugar para esconder una hoja es el bosque”. Aún no asimilaba el pavoroso privilegio que lo ceñía, desconcertándolo, infundiendo su alma de la ilusión de revelar verdades vedadas. No podía menos que sentirse perplejo. Mientras se aseaba, pensaba en las muchas ocasiones en las que sus investigaciones lo llevaron a cuevas y laberintos, desentrañando historias añejas ya olvidadas, historias narradas por tradición oral o acaso escondidas en los amarillentos informes de espeleólogos y buscadores de tesoros.
“El mejor lugar para esconder una hoja es el bosque” se repitió y enfiló sus pasos a la biblioteca pública. Lamentaba postergar su visita a la casa habitada alguna vez por Pedro Domingo Murillo, y ahora por la anciana que vivía por su Vicente, pero estaba convencido que el recinto en cuyas entrañas se agita la vida de una multitud de seres que supo ganar la inmortalidad, era el destino correcto.
El día se había tornado frígido y lluvioso, las puertas de la institución pública mantenían su virginal posición de cada mañana sin abrirse todavía. El silencio y la soledad tenían esa impresionante vigencia que acongoja. Los minutos se hicieron eternos, hasta que apareció la encargada del templo del conocimiento.
-“¿Otro insomnio profesor?” fue el saludo que la mujer entrada en edad y peso dedicó a Pedro.
-“¿Otra vez la dejo el tranvía?” respondió con sarcasmo Pedro.
Liberado de los protocolos, Pedro pudo abocarse ávido a su tarea. Optó por remitirse a los periódicos celosamente guardados en la hemeroteca. Instintivamente buscó fechas obvias.
-“16 de julio, 16 de julio 16 de julio”, seleccionó ejemplares de los últimos años de `El Comercio` y ´La Tribuna ` de La Paz , también de `La Industria ` y `El Día` de Sucre, con similar premisa “25 de mayo”. No encontró nada especial en los ejemplares de aquellas fechas. Decidió intentar con otras.
Las brumas traducidas en páginas de diarios, no esclarecían nada todavía. Las citas se limitaban a narrar las tediosas celebraciones y actos cívicos anuales, hasta que su búsqueda se detuvo en la página 3 de `La Tribuna `, edición de fecha 6 de julio de 1893, a partir de la cual empezó a entender la verdadera dimensión del drama que quería evitarse. “(…) una ciudad de pesada atmósfera, favorable al desarrollo del idiotismo y la locura, razón por la que tuvo necesidad que construir un manicomio, una población privada de hoteles y clubs, que no puede ofrecer siquiera mediana comodidad a sus huéspedes, que carece de un regular teatro donde pasar agradablemente el tiempo” rezaba el periódico, como argumentos que se esgrimían para negar la pretensión de Sucre de ser la Capital definitiva de la República.
En forma cada vez más espantosa y abierta lecturas similares lo fueron convenciendo de que se adentraba en aguas gélidas y peligrosas, mas el espíritu humano es casi siempre igual en todas partes y en todas las épocas, no pudo resistir la tendencia que induce al hombre a asomarse al abismo.
El Día, Sucre 25 de Julio de 1893, página 3 “(…) Nos llamais locos y decis que nuestra Universidad está en decadencia, que somos tan pobres que para dar un banquete tenemos que morirnos de hambre, que no tenemos hoteles. Todos estos absurdos los vemos con el más hondo desprecio, son frases de indio insolente que se figura ser caballero por que viste levita(…)”. “(…) El odio que nos teneis es efecto de vuestra raza, enemiga siempre del blanco, incapaz de nobles sentimientos é impulsada siempre por feroces instintos. Estais hinchados por necias pretenciones, porque habeis aprendido á hablar en mal castellano, pero aún teneis verde la boca (…).
El Comercio, La Paz , 21 de junio de 1893, página 2 “(…) Se ha lanzado una especie inspirada en pasioncillas; se ha despertado el temor de que volviese la representación de La Paz a sustentar el proyecto de constituir á ésta capital de la República. Declaramos , para desvanecer esos temores, en nombre de nuestra diputación que tal iniciativa no será formulada”
El Prisma, La Paz , diciembre de 1848. “El departamento de La Paz conoce bien que las pretensiones del Sur, y en especial la de sus viejos caudillos, han sido las de deprimir a este pueblo, reducirlo a la humillación y a la nada, para disfrutar de sus caudales a fuerza de caballeros y atenienses, haciendo consentir que en La Paz no, no conocían el uso de platos y el mantel, que sus principales vecinos olían a taquia y coca, y que sentían asco al sentarse al lado de un paceño. Subyugar a La Paz , quitarle su orgullo, azotarla, apedrearla y apalearla, he aquí lo que se quiere, y he aquí lo que no quieren conocer los paceños”.
El Telégrafo, La Paz , 15 de julio de 1859. “16 de julio: Algún pueblo de América con miras menos nobles, proclamó dos meses antes a la hermana de Fernando VII. La Paz no quiso cambiar amos, gritó independencia, clamó libertad. Oigamos sino la proclama de la Junta Tuitiva.
Pedro se sintió abrumado, entendió a cabalidad la amplitud de la responsabilidad que se le encomendaba, detuvo la lectura, se restregó los ojos, su mente viajo por rumbos insondables, casi mecánicamente empezó a hojear los diarios, hasta que llegó a un ejemplar de 1923, “casi ayer nomás” pensó Pedro y por casualidad las ventanas de su alma se posaron en un aviso “Corra la voz…Otra línea de Tranvía hace falta en La Paz. Apoye , colabore, exija. No es para mal de nadie, sino para bien de todos” Se sonrío “Siempre rebeldes” se dijo asimismo en referencia a sus pares de la ciudad. Pasó a otro anuncio “Confites antivenéreos, las celebridades médicas la certifican. Evite las peligrosísimas sondas, no hay medicamento más milagroso que los confites. De venta en acreditadas farmacias”. Y luego a otro “Su seguridad ante todo, cuando viaje usted, obtenga un seguro contra accidentes. Cobertura cualquier viaje. Tren, automóvil, tranvía, carreta y caballo”. Un Papa Noel con un cigarrillo entre los labios, y una caja del producto lo distrajo a continuación “Merry Christmas for every smoker. Camel Cigaretes, Prince Albert Smoking Tobaco. Solo para gustos comprobados”. Por último un llamativo anuncio daba cuenta del próximo estreno de una película alemana “El gabinete del doctor Caligari, de Robert Wiene, guión de Hans Janowitz y Carl Mayer. Descubra los atroces crímenes del desquiciado Dr. Caligari y su fiel sonámbulo Cesare”.
Como si despertara de su letargo, llevó su mano al bolsillo de su chaleco, sacando su reloj “Sherwood”, “Carajo, mis clases” atinó a decir y se levantó raudamente.
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