Los escasos doce kilómetros que separaban al Palacio de Gobierno del campo de volación, hubieron de parecerle a Pedro tan distantes como aquel primer momento en que toda esta gesta personal había comenzado para él, entonces, al ritmo de su montura, su mente trató de remontarse al preciso momento en que todo dio inicio. Miles de imágenes se le cruzaron por su mente, caóticas y rebeldes, entremezcladas en una danza tribal que desconocía y lo confundía, trató de atraparlas y no pudo, la adrenalina gobernaba su pensar. Hasta que llegó a la Ceja de El Alto, quedando una vez más, maravillado por aquel paisaje de los poemas. Se detuvo por un instante que parecía eterno, observó al inmortal Illimani. Reanudó su marcha, ordenó sus ideas, las mismas que empezaron a fluir nítidas… prolijas.
Pedro Joseph Villavicencio Murguía, 30 años, abogado de profesión, historiador por vocación, docente universitario en la facultad de Derecho de la Universidad Mayor de San Andrés, mediana estatura, contextura delgada, cabello negro, levemente ondulado, con una entrada pronunciada en el parietal izquierdo, disimulada por el mechón de cabello que le caía casi hasta la altura de la ceja derecha. Ojos negros, grandes y profundos, cejas poco pobladas, rostro delgado. Barba candado bien poblada, complementada con una barbilla rala subiendo por su mejilla hasta encontrarse con las patillas. Vestimenta siempre formal, camisa y saco a la moda, corbata moño siempre oscura.
Martes 11 de agosto de 1925, el catedrático está a punto de culminar una más de sus clases, con el curso de tercer año de la carrera de derecho. Era inevitable. Como cruel destino comparable al de los amores contrariados, Pedro se veía nuevamente acosado por aquel muchacho sediento de aprendizaje y de incuestionables aptitudes.
- Maestro, ¿se puede obligar a observar la ley moral y privársenos de los medios necesarios para dicho fin? Preguntó el discípulo.
-“No Víctor. Hemos de contar con el poder ya sea físico o de fuerza o bien moral o de derecho” contestó Pedro.
- ¿Entonces es el derecho moralmente inviolable?, volvió a preguntar el alumno
-“Sí, aunque sea violable físicamente” volvió a responder el profesor.
-¿Qué es el Estado como fuente de los derechos?
-“El Estado mismo no tiene derecho de existir, no tiene base para los derechos positivos que concede, puede sujetar a sus sujetos cualquier derecho que quiera y no puede tener derecho alguno contra otro Estado, esa es una precariedad, pero también una curiosa sutileza” contestó el maestro, “Además del alumno Paz Estenssoro, alguien más quiere hacer otra pregunta” dijo Pedro sabiendo lo vano de su intento por evitar al ignoto muchacho, a quien Pedro le reconocía sobrada capacidad intelectual, pero a la vez identificaba como fuente de retraso permanente en el desarrollo de su materia, más aún cuando percibía que los temas abordados por el estudiante, no eran precisamente de su asignatura y que pese a agradarle, estos en su mayoría no eran compatibles con el interés o el entendimiento del resto de la clase, que optaba unas veces por el silencio y otras por el abucheo.
Ante la pasividad de sus condiscípulos el joven volvió a la carga: ¿Qué ocurre cuando yo afirmo mi derecho y los demás se niegan a reconocerlo?
La campana sonó, blindando a Pedro de las inquietudes de conocimiento del joven Víctor Paz.
-“Señores, nos reencontramos la próxima clase” se despidió Pedro.
-“Pero maestro ¿qué ocurre cuando los demás me imponen a mí un deber que yo me niego a aceptar?, insistió Víctor.
-“Hasta la próxima clase” contestó Pedro.
-“¡Maestro!... ¡maestro!” exclamó Víctor sin resignarse, de pronto una ola de sus compañeros, haciendo mofa de tanta insistencia lo arrastró hacia los confines del pasillo de la facultad, en medio del bullicio producido por los futuros profesionales.
Concluida su clase, Pedro de manera prolija empezó a recoger un par de libros, acomodándolos en su portafolio de cuero, cuyo color era apenas distinguible por lo gastado. Entonces, alguien toca en la puerta entreabierta del aula. Sin esperar invitación, el personaje se introduce acompañado por dos militares rasos, quienes a la sola señal se quedan en vigilia, a ambos lados de la estrecha puerta.
El hombre, vestido de civil, es claramente extranjero, de aproximadamente 40 años, 120 kilos, y 1,80 mts., de estatura. Robusto, cabello claro, peinado “libro”, corte peculiar, con la nuca y los laterales rapados al ras, bigote chaplinesco y una clara cicatriz atravesándole el pómulo derecho y la nariz y otra más pequeña en la barbilla. Traje oscuro, camisa blanca, chaleco oscuro, corbata al tono, con una pequeña insignia del ejército boliviano sobre la solapa izquierda.
-“Querido profesor es un honor conocerlo”, saludó el visitante, con claro acento alemán.
-“Quien tiene ese dudoso honor” respondió irónicamente Pedro, sin apartar su vista de su maletín.
-“Digámoslo así -prosiguió el alemán, queriendo ser simpático- alguien que admira mucho su trabajo y que representa a alguien que lo admira aún más que yo, pero que es inmensamente más poderoso de lo que usted o yo seremos nunca mi querido profesor”
Pedro se volvió lentamente, acaso pretendiendo encontrar las palabras justas, miró fijamente a los ojos del visitante y le espetó “El hombre más poderoso es aquel que es dueño de sí mismo… y la verdad aún no conozco a nadie que se precie de ello”
“Mein freund, más reinos derribó la soberbia que la espada...” respondió en tono amable el alemán y remató “dejemos los eufemismos y vamos al punto que motiva mi visita…”
-“Preferiría hacerlo sin que parezca obligado a ello –interrumpió Pedro- es sugestivo tener dos uniformados en la puerta de este recinto…”
-“¡Klar, mein freund! disculpe mi torpeza” exclamó el alemán, aparentando verdadera contrariedad. Hizo un par de señas y los soldados abandonaron el lugar. Entonces el visitante se presentó.
-“Soy el capitán Ernst Röhm, responsable en jefe de asuntos especiales del Estado Boliviano…”
-“Creía que el tratado de Versalles prohibía cualquier injerencia de súbditos de su país en asuntos de otros Estados”. Volvió a interrumpir Pedro.
-“Hablemos de lo importante por favor –dijo en tono áspero el alemán, cuyo carácter irascible era difícil de disimular- existen temas que serán de su interés, se lo puedo asegurar, eso si me permite continuar”.
-“Al contrario, le ofrezco mis disculpas, creo que no fui un buen anfitrión, hablemos en lugar más cómodo, hágame el favor de acompañarme al salón de reuniones, allí tendremos privacidad” –le dijo Pedro en tono cordial e inmediatamente condujo al visitante a un salón inmediatamente contiguo, en el que destacaba, una mesa mediana, redonda y desnuda, un librero con algunos libros, pocos para una Universidad, una alfombra gastada y paredes con algunas fotografías de antiguos Cancelarios de la Casa Superior de Estudios -“se sirve un café”…- invitó el anfitrión – “No me apetece nada” fue la respuesta también cordial - “prosiga por favor” – terminó Pedro.
- “Vielen Dank, querido profesor, sabe usted… soy un viejo sobreviviente de la gran guerra, esta medalla –señalándose la cicatriz en la cara- representa el gran amor incondicional que este insignificante soldado siente por la Madre Patria, pelee por ella con mis hermanos y fueron esos mismos hermanos los que pretendieron condenarme al ostracismo, encerrándome en una mazmorra durante quince meses… la patria lo es todo mein freund, la patria lo es todo… hoy el destino ha querido que mis humildes servicios sean requeridos por esta nueva Patria, a ella me debo ahora y de ella quiero su grandeza…”
-“Comulgamos en aquello” cortó Pedro, queriendo despojar de solemnidad al diálogo, no lo logró.
-“Mein Land resignó la vida de casi dos millones de sus hijos” –el tono languidece, casi extinguido por la emoción, de pronto se eleva y los ojos de Röhm se clavan en los de su interlocutor – “¿sabe usted profesor el significado de mirar la muerte a la cara y desear con toda el alma que esta se apiade de uno y se lo lleve?…¿sabe usted el dolor de ver marchita una vida joven que pudo ser la de uno?… la Patria, profesor, la Patria… ¡merece eso y más!”.
- “Es difícil entender una realidad tan cruenta capitán”, -dijo Pedro con tono respetuoso- “no quiero importunarlo, pero tengo una cita programada con antelación y…”
- “Profesor, amanse su espíritu y preste atención a lo que tengo que decir”.
No fueron las palabras, ni su gesto lo que paralizaron a Pedro… ese hombre imponía autoridad, infundía miedo.
- “Este humilde soldado es orgulloso fundador de la gloriosa S.A. alemana, ha sido un incansable peón del Freikorps en su lucha contra la aberración antigermánica del estado bávaro, ¡caramba!, pelee contra las leyes bastardas de Weimar y su malparida República… quiero transmitirle profesor, que este hombre” – dice Röhm con tono dramático y golpeándose el pecho- “es un inclaudicable soldado enfermo de amor por su patria…” -y prosiguió con su monólogo, ante la atenta mirada de Pedro – “Mein Land estuvo al borde de la desintegración, de perecer en manos de cerdos comunistas, pero ha vuelto a la vida y con más vigor, le aseguro profesor” –y mira fijamente a los ojos de su interlocutor- “que la Deutschland aplastará a sus enemigos internos y externos y en algún momento, espero que cercano, será la luz que ilumine al mundo”.
Pedro no pudo evitar hacer un gesto de contrariedad, lindante con la incredulidad, rascó su cabeza y volvió a fijar su vista sobre el robusto alemán quien advirtió el estado de ánimo de su obligado anfitrión”.
-“Mein freund, disculpe usted mi ímpetu… ahora entenderá que el mío no es un discurso vacío, ¡caramba, no es un discurso! – y por primera vez el rudo alemán se permitió una risotada – “Bolivia es un país difícil de entender, pero que se llega a querer, la verdad es que tras grandes esfuerzos he logrado cambios moderados…cualquiera que tenga exigencias modestas como yo, puede vivir aquí, la realidad mein freund, es que este entrañable país esta ahora mismo, a puertas de afrontar un peligro que puede lacerar su existencia”. Mejor que yo, usted sabe que a fines del siglo pasado estas tierras fueron asoladas por una guerra civil, propiciada por visionarios que proponían un cambio para bien de los destinos de este pueblo y aquellos viejos aristócratas que pretendían conservar para sí los privilegios añejos que mal heredaron”.
-“¿Se refiere usted a la disputa entre La Paz y Sucre?”- se permitió interrumpir Pedro.
-“Wenn, richtig querido profesor” afirmó Röhm.
-“¿Disculpe?”- retrucó Pedro, y agregó con el tono sarcástico que tan bien conocía –“lo siento, es que últimamente mi alemán no es tan fluido como antes”.
Röhm entendió el mensaje –“Perdóneme mi querido amigo, es difícil dominar la lengua materna, en todo caso le pido disculpas tanto por mi horrendo castellano, como por si mi idioma de cuna aflora de vez en cuando. Le decía que sí… usted tiene razón cuando se refiere a la guerra federal entre Sucre y La Paz”
-“Tan federal que seguimos con todo el poder concentrado en una sola plaza”-advirtiendo los ojos furiosos de Röhm, Pedro sólo atinó a sugerir- “prosiga por favor, prosiga”-haciendo un gesto claro de coserse los labios.
-“Ha surgido, en los últimos meses, una sociedad clandestina autodenominada la “sociedad de los independientes”, cuyo objetivo es promover una nueva guerra fratricida entre ambos pueblos hermanos. Este grupo está conformado por gente poderosa económicamente y peligrosa espiritualmente, me reservo sus identidades por ahora. Todo grupo puede ser infiltrado y este lo ha sido, de allí la certeza de sus movimientos, bien pudiéramos utilizar la fuerza para desbandarlos, pero a veces la razón y la fuerza deben actuar de manera conjunta para ser efectivas. En este caso, la violencia fracturaría el movimiento, pero no lo extinguiría, sino que sería el pretexto justo que esta sociedad necesita para propalar su inquina por La Paz y todo lo que ella representa. Las consecuencias pueden ser inimaginables e incontrolables, por ello debemos actuar con prudencia, con sigilo, pero sobretodo con astucia”.
-“Lo que usted dice es muy grave… ¿está hablando de la posibilidad de una nueva guerra entre Sucre y La Paz?”
-“Lo entendió claramente profesor”
-“Supongamos por un momento que lo que usted me dice es cierto,”
-“Claro que es cierto, no lo dude profesor” interrumpió Röhm.
-“Bien, supongamos que todo es cierto, pero… ¿Qué podría hacer un docente universitario para impedirlo? Además, sinceramente, no creo que existan ni ánimos, ni motivos que muevan nuevamente las almas de dos pueblos hermanos”.
-“Créame que las hay y debe reconocer que la patria chica es la que da vida a la grande. Las fidedignas informaciones con las que contamos, dan cuenta que aquel movimiento clandestino tiene apostadas todas sus fichas a un argumento incendiario, que puede motivar al pueblo sucrense a reivindicar su pretendido derecho a volver a ser la sede del gobierno y capital indiscutible del país y por contrapartida…obligar al valeroso pueblo paceño a defender lo que ha conquistado. Este argumento puede resumirse en una sola palabra querido profesor: PRIMIGENIA”.
Pedro lo miró absorto y con el ceño fruncido respondió:
-“¿Se refiere a quien se arroga el derecho del primer grito libertario?, ¿cual es la cuna de la libertad por así decirlo?”
-“Correcto y aunque parezca trivial, es una demoledora razón que puede nublar el sentido común de dos pueblos hermanos en un principio y contagiar a todo el país luego, sin obviar que tenemos la plena constancia que una potencia extranjera incita los ánimos de aquellos subversivos y está dispuesta a proporcionar la logística y armamentos de los que careció hace treinta años la tierra del sur”
-“Capitán, soy paceño de corazón, amo a esta mi eterna tierra mágica, que para mi es la tierra prometida, pero pese a eso, para mí en el calendario, mayo estará siempre antes que julio y en eso no hay discusión, somos un pueblo acostumbrado a la rimbombancia, somos exitistas, no me importa ser el país que diera el primer grito libertario, sino el primero en salud, educación tecnología, en calidad de vida de sus ciudadanos… la verdad, me parece un tema menor, me interesa lo poco que somos hoy y lo poco que amenazamos ser mañana, así de duro, así de cruel, así…Nos rasgamos las vestiduras si alguien niega nuestra verdad, en lo que a mi respecta cualquiera de las ciudades puede quedarse con el “honor”… no me importa…Además, me parece que no es honesto intelectualmente enarbolar méritos en base a medias verdades históricas…le pregunto ¿Estados Unidos no es acaso parte de América? ¿No lograron su libertad en las arenas del honor? ¿Acaso esto no sucedió en 1776? O es que ahora también habremos de interpretar el calendario, la geografía y negar una verdad que no resiste la menor discusión. ¿Y que hay de los levantamientos indígenas? ¿No cuentan como un verdadero acto de sublevación contra el imperio constituido?, le recomiendo que revise nuestra historia capitán y se dará cuenta que la mayor parte de ella produce vergüenza, verá como por minucias similares a la que me expone, este mi pobre país se ha desangrado y sumido en la pobreza oprobiosa, siendo ingentes sus recursos naturales. Con lecturas parciales, interesadas y miopes como las de ambas facciones, no faltará pronto algún caudillito que a nombre de indios o de pardos o de quien quiera, se crea el Mesías y piense que toda la historia anterior no tiene valor alguno y crea en su pasajera omnipotencia que inaugura un nuevo tiempo, una nueva era y que por tanto la primigenia del grito libertario le corresponde…”
- Puede que tenga razón, profesor, pero por encima de cualquier credo, considero que lo importante es evitar baños de sangre entre hermanos”
-“En eso tiene usted razón y si en algo puedo ayudar, es mi deber hacerlo, mas es bueno que sepa mi pensar”
-“Lo valoro, profesor y lo respeto. Preste ahora atención. La sociedad clandestina tiene una estrategia definida que promete ganar devotos y que incendiará la mecha del polvorín. Usted sabe que La Paz alega que la verdadera revolución, el inicio de la gesta libertaria le corresponde, entendiendo que el de Sucre fue un movimiento pro-fernandista y que en ningún caso se trató de una subversión contra la corona, sino un acto de abierta devoción hacia la misma. El argumento paceño se basa en la instalación de la junta tuitiva y en la redacción de su famosa proclama. ¿Qué consecuencias cree usted que acarrearía el hecho de que ésta no exista, o que hayan sido los ciudadanos de Charcas los autores de su redacción? Eso es lo que los subversivos pretenden demostrar aún sin demostrar nada…Me explico… estos filibusteros pretenden contagiar al pueblo del sur en base a sus falacias, pretenden sembrar la semilla del separatismo en caso de no lograr su objetivo de recuperar la sede de gobierno. Créame que existen intereses muy caros. La lógica es simple querido profesor, si la proclama de la junta tuitiva del 16 de julio no existe, o si se demuestra que su autoría corresponde a patricios chuquisaqueños, renacerá el pretexto de reclamar para sí el derecho histórico de ser sede de gobierno. Le reitero que en las actuales circunstancias, este objetivo sería compartido por más de un departamento, no se olvide por ejemplo que los cruceños sienten aún la afrenta que les infringió el General Kundt el año pasado, cuando con 2.000 hombres se paseó por su plaza central, haciéndoles tragar su protesta por la Ley de Minorías, y la clave para volcar definitivamente la balanza a favor de este descabellado proyecto sería la subterránea colaboración de una potencia extranjera, cuyo nombre no me es permitido revelarle todavía.
Pedro, se incorporó de su asiento, caminó hacia el ventanal de la vetusta sala y sin dar la cara a su interlocutor, mirando al horizonte preguntó con ritmo pausado “Y que puedo hacer yo… ¿hay algo que ustedes crean está a mi alcance?”
Antes que Pedro termine de hablar, Röhm se había incorporado también y se acercó a Pedro por la espalda y le susurró suavemente al oído “todo… usted puede hacer todo” Pedro pareció volver en sí de su aparente sopor y claramente incómodo con la escena caminó rápidamente hacia su silla, se sentó y con voz firme y tono imperativo dijo “hable capitán, que el tiempo de ambos es valioso”
-“Mein freund, su Patria requiere con urgencia de sus servicios, es urgente que usted pueda ayudar a su gobierno a encontrar el acta original de la junta tuitiva, la sola comprobación de la existencia de este documento con la rúbrica de los patriotas paceños, aplacaría la sed de sangre del sur, reivindicando y confirmando de una vez y para siempre el histórico derecho que le asiste a este emérito pueblo que…
Pedro interrumpió de manera brusca “un hereje no puede ser buen guía en la búsqueda del santo grial capitán, le repito, mayo es a julio lo que la semilla es al árbol… ¿Con respeto… por que no encomendar la tarea a personas más capacitadas que yo… no sé… el profesor Posnasky es una opción”
“Agradezco su sugerencia, no quepa dudas que esa y varias otras opciones, no muchas más a decir la verdad, fueron consideradas pero...” y subiendo efusivamente el tono Röhm agregó “¡vigor profesor, vigor!, esa es la explicación de su elección. Consideramos que la tarea que le encomendamos requerirá en extremo dedicación, destreza no sólo mental, sino física… su experiencia, sus publicaciones, su basto conocimiento históricos son cartas para nada despreciables Mein freund, usted es la persona ideal…piénselo, piénselo muy bien, esta es la oportunidad irrepetible de que usted no sea quien tan solo rebusque la historia, sino quien la escriba, está demás decir que el supremo gobierno será en extremo generoso con usted por sus valiosos servicios… tiene hasta el medio día de mañana para decidirlo” llevándose la mano al bolsillo derecho de su elegante traje, Röhm extrajo una pequeña caja de madera, de forma rectangular, algo carcomida, quizás por la humedad y extendiendo la mano se la ofreció a Pedro “Estamos impacientes, sabemos que se gesta ya el movimiento clandestino, debido a ello el presidente ha instruido movilizar tropas, que ya han partido rumbo a Sucre. Esta información es confidencial, con su ayuda podremos evitar el derramamiento de sangre. Nuestra urgencia es tal que ya iniciamos la frenética carrera en busca de respuestas y en encontramos esto, recíbalo en señal de confianza, espero su respuesta… 24 horas Mein freund…..24 horas” culminó Röhm, entregando además un papel con una dirección.
-“Cómo sabe usted que volverá a ver esta pieza de nuevo, que garantía tiene…”
-“ Mein freund… mein freund” dijo Röhm en tono sarcástico “es mejor que no sepa cuales son mis seguridades… y por cierto, esta conversación no existió jamás, es sólo para usted y está demás decirle que sé que mi presencia no será divulgada por usted… ¿nos comprendemos verdad profesor?, dijo Röhm a tiempo de besar ambas mejillas de Pedro a modo de despedida.
Pedro solo atinó a gesticular asintiendo con la cabeza. Röhm abandonó la sala.